De a ratos

Atesoramos recuerdos

en una cómoda sala
con ventanas cerradas
que se repiten como películas de cine
donde el único espectador
es nuestra memoria.


La única que logra
perpetuar en el tiempo
carcajadas ausentes
y sonrisas etéreas
de vuelo liviano.

Y entonces
se vuelve más sencillo entender
que la felicidad y el amor
de a ratos
supieron ser indestructibles.



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