De a ratos
Atesoramos recuerdos en una cómoda sala con ventanas cerradas que se repiten como películas de cine donde el único espectador es nuestra memoria. La única que logra perpetuar en el tiempo carcajadas ausentes y sonrisas etéreas de vuelo liviano. Y entonces se vuelve más sencillo entender que la felicidad y el amor de a ratos supieron ser indestructibles.