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Mostrando las entradas de noviembre, 2019

Eternos en el amor

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Reproduje por vez número infinita, mi tema favorito: "Pueden más que el amor y son más fuertes que el Olimpo" Y pensé en mis viejos. Únicos, eternos en el amor y mi recuerdo. Claudio y Silvia, invierno del 99'. (Alias mamá y papá.)

Chispazos

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Donde hubo fuego dicen que cenizas quedan. Pero nunca nadie habla  de los chispazos volátiles que quedan dando vueltas que juegan con la suerte y el azar de tocarse y volver a encenderse como un mar de fueguitos. 

Abrazá

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Abrazá. Abrazá fuerte y con ganas, no seas tacaño. Si te va a doler algo, que sea un abrazo apretado de alguien que quieras, de alguien que te haga bien. Abrazá y dejate abrazar para sanar. Abrazá y cruzá el puente que cruza entre vos y la otra persona. Abrazá y no dudes tanto, no pienses tanto. Abrazá y que tu corazón se acelere. Abrazá y escuchá al corazón del otro. Aprovechá ese momento único, congelalo en tus recuerdos y guardalo para vos.  Guardalo para recordarlo y sentirlo cuando más lo necesites.  Guardalo, que los recuerdos buenos hacen bien al alma, y nos miman un poco cuando sentimos que nada puede hacerlo. Guardalo con mucho cuidado, hasta la próxima vez que nos veamos y compartamos otro. (Este dibu es mío 💜)

La playa y el invierno

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Me acuerdo como si hubiesen pasado hace poco, los inviernos en que visitaba la costa con mamá y papá. Casi siempre, el destino era Mar del Plata para visitar a mi familia, y la gracia era básicamente, pedir ñoquis con mi primo, ir a pasar el día a Sierra de los Padres, correr en la playa alrededor del puesto de guardavidas, y encontrar las llaves que mamá perdió en la arena.  De los asados de mi viejo, nunca nadie se quejó. Hoy se lo extraña para brindar, y hasta para jugar al tejo.  Creo que por esa costumbre anual, del calor de la familia, el roce del viento costero frío en la cara, unos mates en el bosque junto a una canción en la guitarra, y ese olor a mar rodeado de paz, es lo que me hace sentir como propia, la estación del invierno y mi lugar de escape seguro.

La esquina de fachada antigua

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Había llegado navidad indicando que el año estaba terminando. Hacía calor pero el suficiente, ese que no parecía tanto por una leve brisa que se mantenía vigente y bajaba la temperatura de las mejillas. Todo fue como de costumbre, la típica cena familiar con un vitel tone infaltable, una torre de panqueques, el matambre preparado por la abuela y un vinito descorchado, listo para brindar y dar comienzo al banquete. El abuelo se manchó la camisa, el perro se robaba un poco de pan, la más chiquita quería que llegaran las doce para los regalos y el helado que venía después. Llegó el momento tan deseado, un regalo para cada uno y mínimo tres para la menor. En casi todos los paquetes había ropa o un pequeño presente, en los restantes habían juguetes que le interesaban a cualquiera de los que contábamos como adultos. Pasaron las doce y me fui en compañía, a un bar antiguo en una esquina de San Telmo, creo que por Chile y Defensa. La fachada de afuera se la daba la callecita empedrada, la ve...