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Mostrando las entradas de octubre, 2019

Piscis ascendente en medialuna

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Pleno invierno, sol bajando a las casi seis de la tarde, y una tormenta de fondo, que empapaba a cualquiera. Salió del subte, y caminó a paso rápido por una avenida, que ahora no viene tanto al caso, porque al fin y al cabo, era lo mismo que estar caminando en cualquier otro lugar de Buenos Aires con baldosas flojas, bajo la lluvia, casi de noche, con un paraguas a media asta y mojándose hasta las medias, como jugando al buscaminas mientras llegaba a destino. En el camino, notó que conocía ese barrio, y que estaba cerca de un lugar muy cálido y lindo, al que había prometido volver. Sacó el celular, y comenzó a marcar un número, a la par de las gotitas que le caían sobre la pantalla. El tono sonó dos veces, atendió ella, la dueña de ese lugar hermoso, al que tanto disfrutaba ir. Cuando supo de quién se trataba, le regaló una sonrisa por medio de esa vía de comunicación, y le dijo que pasaría a saludarla, como le había prometido hace ya tiempo. Hizo una parada extra en la panadería ...

Alto y al fondo

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Te guardé entre papeles repletos de amor en tinta, de momentos impresos, pinceles y colores, dibujos dedicados, de secretos escritos en canciones, y besos con sabor a limón. Entre perfumes dulces, caricias dormidas, pies fríos, ataques de tos que no me dejaban dormir, y lunares con forma de planeta.  Te guardé bien alto y al fondo de mi vestidor, y mi altillo de recuerdos. Ahí, al lado de otras cajas archivadas con acuarelas. Al lado de esas que siempre estuvieron, que cada tanto busco para abrir y recordar un poco de dónde vengo.  Pero es ahí, donde hoy elijo dejarte, donde hoy, no me sale ni me animo a acercarme. Porque si lo hago, reanimo la llama que tanto quise apagar.  Porque si lo hago, me empapo de recuerdos y detalles tuyos, esos que tanto amé y odié a la vez.  Porque si lo hago te pinto de pies a cabeza, y me vuelve a doler no sentir tu perfume en un abrazo, no sentir tus caricias para dormir, no encontrarte más en mis planes.  Porque si lo hago, te ...

Tus ojos

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Encontré un mensaje tuyo, escrito de tu puño y letra, en un libro, que por suerte, tenía indeleble. Me decías, como habías hecho toda la vida, " sos mis ojos ". Leí eso un par de veces, le puse tu tono de voz, tu cara, tu pelo, tu olor y tu sonrisa. Te pinté de pies a cabeza en esos renglones. Te extrañé muy fuerte y te sentí abrazarme, de alguna forma desconocida, pero posible. Tu amor y tus formas de demostrarlo, siempre fueron particulares, pero únicas. Como tu abrazo apretado y calmo, tu beso en mi cabeza, tu necesidad de hacerme entender que podía con todo lo que me propusiera. Tus pocas, pero justas palabras, y tu facilidad para hacerme enojar, cuando no te podía ganar, en nuestras guerras de almohadas y cosquillas.  Hoy entiendo, tanto tiempo después, que esas tres palabras que elegías para describirme, e insistías tanto en que no me olvidara, guardaban el amor más inmenso, y una promesa que te llevaste con vos.

Hace frío para estar en toalla

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Me dijo "No tengo mucho para decirte, pero dicen que el tiempo cura todo, y también dicen que el tiempo no cura nada; que arrasa y lo que el tiempo rompe no se arregla, dicen. A mí, me gusta creer que lo que importa es lo que hagas con ese tiempo... dije que no había mucho para decir y estoy en toalla, por meterme a bañar, escribiendo hace 10’. Hace frío para estar en toalla. " Y su tiempo lo invirtió en escucharme, y abrazarme con palabras.