Piscis ascendente en medialuna
Pleno invierno, sol bajando a las casi seis de la tarde, y una tormenta de fondo, que empapaba a cualquiera. Salió del subte, y caminó a paso rápido por una avenida, que ahora no viene tanto al caso, porque al fin y al cabo, era lo mismo que estar caminando en cualquier otro lugar de Buenos Aires con baldosas flojas, bajo la lluvia, casi de noche, con un paraguas a media asta y mojándose hasta las medias, como jugando al buscaminas mientras llegaba a destino. En el camino, notó que conocía ese barrio, y que estaba cerca de un lugar muy cálido y lindo, al que había prometido volver. Sacó el celular, y comenzó a marcar un número, a la par de las gotitas que le caían sobre la pantalla. El tono sonó dos veces, atendió ella, la dueña de ese lugar hermoso, al que tanto disfrutaba ir. Cuando supo de quién se trataba, le regaló una sonrisa por medio de esa vía de comunicación, y le dijo que pasaría a saludarla, como le había prometido hace ya tiempo. Hizo una parada extra en la panadería ...