Cielo de tiza
Siempre nos gustó jugar.
Un poco a los superhéroes
otro tanto con tazos y pokebolas
corríamos a la mancha
y hacíamos dibujos en papel con crayones
y en el cielo con las estrellas.
Jugábamos a la Rayuela en la vereda.
La pintamos con tizas de colores
y números torcidos.
Vos jugabas en la tuya.
Yo en la mía.
Un día se nos ocurrió que cruzar la calle
era mejor idea que jugar solos.
Decidimos compartir ese tablero colorido
que a la mañana siguiente se borraría.
Pasamos de un pie al otro
saltamos sobre cada baldosa
y siempre llegamos al cielo en un pie
y del cielo volvíamos indemnes a la tierra
Un poco a los superhéroes
otro tanto con tazos y pokebolas
corríamos a la mancha
y hacíamos dibujos en papel con crayones
y en el cielo con las estrellas.
Jugábamos a la Rayuela en la vereda.
La pintamos con tizas de colores
y números torcidos.
Vos jugabas en la tuya.
Yo en la mía.
Un día se nos ocurrió que cruzar la calle
era mejor idea que jugar solos.
Decidimos compartir ese tablero colorido
que a la mañana siguiente se borraría.
Pasamos de un pie al otro
saltamos sobre cada baldosa
y siempre llegamos al cielo en un pie
y del cielo volvíamos indemnes a la tierra
para apoyar los dos.
En algún momento
dejamos de cruzar el empedrado
En algún momento
dejamos de cruzar el empedrado
de jugar a la Rayuela, a la mancha,
y hacer dibujos con papel del cielo.
Ya no coleccionamos tazos, ni pokemones
pero jugamos un poco a ser superhéroes
cuando dejamos el corazón en modo avión.
Justo antes de olvidar
los dibujos
los juegos
los aromas
y todo lo demás,
despierto.
Ya no coleccionamos tazos, ni pokemones
pero jugamos un poco a ser superhéroes
cuando dejamos el corazón en modo avión.
Justo antes de olvidar
los dibujos
los juegos
los aromas
y todo lo demás,
despierto.
Y recuerdo que
dejé un par de tizas guardadas
para cuando salgamos a la vereda
dejé un par de tizas guardadas
para cuando salgamos a la vereda
y volvamos a jugar.