15 B
Hay cosas que tendemos a no olvidarnos, como los grandes momentos que nos suceden, desde aprender a andar en bici sin las rueditas de apoyo hasta nuestros cumpleaños más felices. En mi caso, la primera vez que me subí a un avión me emocionaba la idea de hacerlo, incluyendo el desconocer los miedos y los nervios al despegue y aterrizaje. Aquella vez, viajamos dos personas en asientos seguidos. Tuvimos fila 15 ubicación B y C, correspondientes a medio y pasillo. Yo estaba en el medio al momento de comenzar el viaje. Te dí mi mano derecha porque a vos te ponían nervioso esas situaciones y emociones al despegue ya conocido. Para mi era todo nuevo, entonces no dudé en dejar que apretaras fuerte mi mano hábil mientras seguía asombrada por ese mundo nuevo que acababa de descubrir ya pasando los diez mil pies de altura.
A mí me tomó más tiempo y más vuelos de práctica para conocer esas sensaciones y desconocer otras tantas.
Volví a viajar en avión un par de veces más en estos años de diferencia hasta el día de hoy, seis veces más para ser exactos. En uno de esos vuelos, pisé la misma aerolínea y aeropuerto que la primera vez, incluyendo de forma casi paradojal el mismo asiento que parecía estar reservado especialmente para mí: 15 B.
Despegar en el 15 B fue resignificar otro vuelo más, sólo que en el mismo avión, mismo destino y mismo lugar por un breve momento de escala, pero con un puerto final diferente. Fue tomar una mano que calma mis miedos incluso cuando no lo pido con palabras. Fue reencontrarme con el sabor del frío extranjero y el calor de la vainilla que recordaba en los labios de la espera. Fue recordar mi primera vez allí y llenarla de recuerdos nuevos. Fue volver a sentir la emoción de viajar, de llevar el pasaporte en mano y otro lenguaje bajo mi lengua.
Despegar en el 15 B fue despegar para volar de nuevo y lejos, pero hacerlo sin vos.
A mí me tomó más tiempo y más vuelos de práctica para conocer esas sensaciones y desconocer otras tantas.
Volví a viajar en avión un par de veces más en estos años de diferencia hasta el día de hoy, seis veces más para ser exactos. En uno de esos vuelos, pisé la misma aerolínea y aeropuerto que la primera vez, incluyendo de forma casi paradojal el mismo asiento que parecía estar reservado especialmente para mí: 15 B.
Despegar en el 15 B fue resignificar otro vuelo más, sólo que en el mismo avión, mismo destino y mismo lugar por un breve momento de escala, pero con un puerto final diferente. Fue tomar una mano que calma mis miedos incluso cuando no lo pido con palabras. Fue reencontrarme con el sabor del frío extranjero y el calor de la vainilla que recordaba en los labios de la espera. Fue recordar mi primera vez allí y llenarla de recuerdos nuevos. Fue volver a sentir la emoción de viajar, de llevar el pasaporte en mano y otro lenguaje bajo mi lengua.
Despegar en el 15 B fue despegar para volar de nuevo y lejos, pero hacerlo sin vos.