Tus ojos

Encontré un mensaje tuyo, escrito de tu puño y letra, en un libro, que por suerte, tenía indeleble. Me decías, como habías hecho toda la vida, "sos mis ojos". Leí eso un par de veces, le puse tu tono de voz, tu cara, tu pelo, tu olor y tu sonrisa. Te pinté de pies a cabeza en esos renglones. Te extrañé muy fuerte y te sentí abrazarme, de alguna forma desconocida, pero posible.
Tu amor y tus formas de demostrarlo, siempre fueron particulares, pero únicas. Como tu abrazo apretado y calmo, tu beso en mi cabeza, tu necesidad de hacerme entender que podía con todo lo que me propusiera. Tus pocas, pero justas palabras, y tu facilidad para hacerme enojar, cuando no te podía ganar, en nuestras guerras de almohadas y cosquillas. 
Hoy entiendo, tanto tiempo después, que esas tres palabras que elegías para describirme, e insistías tanto en que no me olvidara, guardaban el amor más inmenso, y una promesa que te llevaste con vos.

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